Solin Suni Dim

El gracioso y sensual gnomo de los cuentos.

Description:

Solin Suni Dim
Small (but spicy) Humanoid
Rogue 1/ Bard 12
HD: 13d6+52 (111 hp)
Init: +2
Speed: 10 ft (Slow Flaw).
AC: 20 (+1 size, +2 dex, +3 armor, +4 def). Touch 17 (can’t touch this). Ff 20.
BAB/Grap: +9/+3
Attack: +1 Muse Shortsword +13 melee (1d4-2), or Hand Crossbow +12 (1d3) or Rapier +12 (1d4-2) or Dagger +12 (1d3-2)
Full Attack: +1 Muse Shortsword +13/+8 melee (1d4-2), or Hand Crossbow +12 (1d3) or Rapier +12/+7 (1d4-2) or Dagger +12/+7 (1d3-2)
Space/reach: 5 ft/5 ft (+30ft. with his flute… using bardic music)
Special Attacks: Bardic Music. Sneak Attack 1d6
Special Qualities: Low-light vision. Energy resistance (fire, cold, electricity) 10 (thanks goldie dragon)
Spell-like abilities: 1xday. Speak with animals, dancing lights, ghost sound, prestidigitation. At will, Speak with parrots
Saves: Fort 6, Ref 12, Will 8
Abilities: Str 7, Dex 14, Con 14, Int 18, Wis 11, Cha 22. It’s hard to age, but now i’m prettier
Skills: Bluff +19, Concentration +3, Craft(alchemy) +12, Descipher script +5, Diplomacy +12, Disable Device +8, Disguise +13, Escape Artist +7, Hide +9, Jump +5, Knowledge(arcana) +17, Knowledge(history) +9, Listen +15, Move silently +7, Open Lock +4, Perform(wind) +35, Profesion(astrologer) +4, Search +9, Sense motive +2, Sleight of hand +11, Spellcraft +8 (+10 desciphering spells/scrolls), Spot +5, Tumble +10, Use magic device +19, Bardic Knowledge +28, Use Kinky Device + 1,000,000
Feats: Combat Expertise, Weapon Finesse, Melodic casting, Skill focus (perform wind), Subsonics, Trivial Knowledge
Environment: Dagoria, Fernia, Mario’s Tower, the underdark (if you know what I mean)
Organization: Solitary, gang(3-6 PCs), or congregation (15-20 astounding sexy chaotic good nude female drows)
CR:13
Treasure: A LOT!
Alignment: Always Chaotic Cool
Advancement: By Class Level
Level Adjustment: +0
Possessions: Flute of Wonders

Un aura de caos, música y risas rodea este curioso personaje. En sus años mozos vistió con elegancia, a excepción de siempre usar botas de diferentes tipos, ya que siempre se le perdía una del par. Una siempre sincera sonrisa caracteriza su rostro incluso ahora.

Ciento cincuenta años han pasado desde su primera aventura, y pueden verse las huellas del tiempo en su cabello gris y en sus anteojos bifocales. Sin embargo, en sus ojos todavia porta la llama de la juventud. Cocoliso, su inseparable amigo craneo, aún lo acompaña en sus andanzas.

Bio:

Jajajaja. ¿Mi vida? ¿Quieres que te hable de mi vida? Mas te valdría no haber preguntado, porque puedo pasar días enteros narrando las cosas que he visto. Prepárate una buena bebida refrescante, y de paso hazme un macchiato, porque te contaré las grandes y terribles cosas de la Territoria de antaño. Por cierto, apúrate; quiero ese macchiato pronto.

Nací hace mucho tiempo, un día como hoy, hace ciento noventa y ocho años. Dagoria fue la nación que me vio crecer. Fui el segundo de veinte hermanos, con solo Kalim como mi hermano mayor. Lo admiraba mucho, y todavía lo admiro, pero jamás pude seguir sus pasos. Kalim fue el tipo de persona que encaja bien en entre los dagorianos: fue un soldado de disciplina ejemplar. Por el contrario, yo soy un espíritu libre, que fluía y aún fluye con el vaivén de las arcaicas y bellas melodías de la abuela Marín. Cómo extraño a la abuelita. No me entristeció cuando dio su último suspiro, porque lo hizo con una sonrisa. La única vez que la vi realmente triste fue cuando Salmissra raptó a mis hermanos. Verla así de veras me dolió. Volvió a sonreír cuando los traje de regreso del infame castillo de Mannimarco, y su espíritu volvió a ser el de antes. Maldito Mannimarco. Quieran los dioses que enloquezca en su prisión hasta quebrantarse.

¿En que iba? ¡Ah si! Y entonces desabotoné lentamente la blusa de aquella belleza, bajando cada vez más por sus sinuosas curvas de mujer, cuando…. ¿era esa la historia que estaba contando?..... ¿No? Recuérdame contártela en otra ocasión. ¿En qué parte iba entonces?..... Ah, ya me acordé. La abuela me enseñó a tocar la flauta, y me regaló la primera que tuve. Aún la conservo, aunque ya esta muy vieja y es difícil sacarle buen sonido. Esa flauta ha pasado una historia interesante. Un día la rompió un orco guapo que tenía una tienda de música en Roya, y Dysha la reparó por mí. Bueno, a lo que iba es que, a pesar de tener la música por dentro, yo admiraba mucho a mi hermano Kalim. Por él entré en el ejército.

Con los años, entendí que realmente fueron mis padres los que decidieron que entrara a la milicia, para que me enseñaran un poquito de disciplina. Ahora recuerdo que me enlistaron poco después de la gran travesura que planeamos Bon Voyage y yo. Me enseño algunos secretos de alquimia, los cuales usamos de la manera más explosiva y apestosa que concibió nuestras ociosas mentes. Algunos vecinos de edad todavía recuerdan el incidente como “La Funesta Invasión Masiva de los Zorrillos Zombi”. Muy ingenioso de parte de papá el usar mi admiración por Kalim para convencerme de que fuera al ejercito, como lo había hecho él. Y fue así como terminé de cadete.

Vivir entre los enanos del ejército dagoriano fue toda una aventura. El sargento me gritaba como si fuera a sacarme el diablo a golpes. Me castigó mucho y en múltiples ocasiones. Digamos que el sargento Kardagon Cortapiedra era un blanco tan fácil para mis bromas. Desde que aprendí la prestidigitación a la usanza del gnomo, la he usado de formas muy ganadoras. Aún recuerdo cuando cambié el sabor de su comida. Siendo carnívoro de corazón, el sargento no podía entender cómo todos sus cortes de carne sabían a brócoli. Estuve corriendo alrededor del fortín durante varios días por esa broma. Ahora que lo pienso, creo que ese entrenamiento me dio la resistencia y salud sobrehumanos que me caracterizaron en ese entonces. Gracias a mi entrenamiento en el ejército, prácticamente no volví a enfermarme.

Sabía que eso de lo militar no duraría mucho, pero nunca sospeché que terminaría de una forma tan abrupta. Un buen día partimos en una expedición a Fernia, a recoger no se que cosa. Nos hospedamos en un hostalucho en Ishitar, provincia de Fernia. Me levanté al día siguiente casi al mediodía. Me puse mi ropa y mis botas dispares. Me lavé la cara y bostecé a todo pulmón. Bajé a comer, me tomé un par de cervezas. Platique un rato con la simpática posadera, hasta que me di cuenta del hecho de que era la primera vez en meses que me levantaba a gusto, y no al amanecer. Me di cuenta lentamente de la triste verdad. El sargento y la tropa me dejaron atrás.

Tuve que trabajar un rato en la posada lavando platos, para pagar mi hospedaje. No tenía una sola pieza de cobre partida por la mitad. Eventualmente me conseguí un trabajito de mensajero, con el que pude pagar mejor mi estancia en aquella desvencijada posada. Carlina, la posadera de gran corazón, y aún más grandes lonjas, me dejó tocar por las noches en el bar, con lo que me hice de algunas monedas extra.

Hice mi vida en Fernia, aunque muchas veces salía de expedición a conocer lugares no muy lejanos. Regresé en un par de ocasiones a Dagoria, a visitar a la familia, pero nunca volví de lleno. La vida en Fernia me gustó.

En uno de esos viajes por los bosques al este de Dagoria, me encontré con un espectáculo insólito. Había visto algunos elfos antes, pero nunca de este tipo. Oscuras formas femeninas danzaban alrededor de un claro, donde la luna llena iluminaba con suavidad. Vi flotar sus largas cabelleras blancas al ritmo de una débil música. Era un grupo pequeño. Pude ver bajo la tenue luz que unos cuantos elfos masculinos tocaban una suerte de instrumentos de cuerda, mientras que la mayoría femenina bailaba en círculos alrededor de la bailarina principal. Nunca olvidaré la impresión que me causó, pues no conozco ningún ser en este mundo que combine tanta gracia, hermosura y temple a la vez. No pude resistir el encanto de tan llamativa ceremonia, y uní mi flauta a su bella música. Poco después Shalah me confesó que en cualquier otra circunstancia me hubieran castigado por irrumpir en la ceremonia a Eilistraee, la diosa de la luna y de los elfos oscuros de buen corazón. Una vez más la música me salvo.

Así fue como Shalah, la líder de aquel grupo, me contó sobre las bendiciones que la diosa Luna les había traído, y lo que representaba para ellos. Desde aquella noche, hasta el día de hoy, aún rindo honores a tan noble divinidad.

En otro de mis viajecitos conocí al buen Xtil Otlen, del cual probablemente habrás escuchado en las Crónicas de Territoria. Un tipo enorme, ciego, y con un halo de tragedia que lo acompañaba siempre, a cualquier lugar donde el viento lo llevara, como decía él. Lo acompañaba el buen Mastuerzo, un perrote de grandes colmillos y mal carácter. Por poco me arranca un brazo por intentar montarlo (lo cual no me impidió intentarlo un par de veces más). Otlen le puso un nombre, pero la verdad no lo recuerdo. Por eso le llamo Mastuerzo. Eso fue camino a Aröenia, si mal no recuerdo.

Me volví a topar con Otlen en Cherek, donde conocí también al fino y exótico grupo de aventureros a los cuales acompañe durante los tiempos relatados en las Crónicas de Territoria. He contado ese relato miles de veces, y muy probablemente ya has leído el libro, así que lo dejaré para otra ocasión. Aunque debo decir, que es la más épica aventura que mis ojos han podido presenciar. Desde el pequeño incidente de la granja del viejo McDonald, hasta la captura final de Mannimarco en el poderoso Sol del Atarceder. Nunca olvidaré las aventuras vividas al lado de mis amigos, las travesías en el Buscamuertos Plateado, comandado por el gallardo y gracioso capitán Lingow Tenorio Bocadefierro, los terribles Artefactos del Atardecer, el ingenuo y peligroso Cumer, los agentes nigrománticos de los bosques de Soiria, los deliciosos Chuuls, la hermosa y sexy Roya, la intrincada política de Aröenia, la crueldad de la secta Brahita, y la frialdad calculadora del Exánime Nevezial. Hay tanto que puedo contar al respecto que no acabaría de llenar de notas las páginas ya impresas de Las Crónicas de Territoria.

Muchas más cosas han sucedido después de esos tiempos de duda y peligro. Aprendí astrología y algo de magia formal bajo la tutela del Mago Mario, quien me heredó esta torre que es ahora mi hogar. Me he hecho un fiel amigo de los elfos oscuros de Eilistrae, y aún frecuento a Shalah. No deja de sorprenderme que a pesar de que los años me han convertido en un anciano, a Shalah no parecen tocarle. Ha envejecido un poco, eso si, pero aún conserva el porte y temple de su juventud. Por ella recibí esta herida que tengo en la pierna izquierda, la cual ni la magia ha podido curarme. Hay algo místico y maldito en el arma que lastimó mi pantorrilla, y desde entonces no puedo caminar mucho. La expedición que hicimos a la Infraoscuridad es una historia digna de contarse, pero creo que lo haré en otra ocasión. La verdad es que es tarde, tengo sueño, y mi macchiato ya esta frió. Te mostraré la habitación de huéspedes, y mañana podrás partir a casa sin prisas. Dile a tu abuela Lanim que los visitaré pronto. No se librará tan fácilmente de su hermano Solin.

Que descanses, mi niña.

Solin Suni Dim

La Sombra del Asesino data